La distancia aproximada entre la Ciudad de México y Washington D.C. es de tres mil ochocientos noventa y cinco kilómetros. Yo, en una habitación que no sobrepasa los tres por tres metros, no puedo entender lo que un número formado por seis palabras significa.
No sé nada de geografía. El mapa que construyo en mi cabeza parece más un dibujo de niño. Peor aún, un mapa escolar. Esos que hacen evidente todos los lugares que nunca vas a pisar. Esos que reducen a un color los climas, las montañas y los ríos.
Traduzco a una frialdad de primaria lo lejos que estamos. Perdón.
¿Cuántos pasos hay de aquí a allá? Mi miopía es un pretexto perfecto para querer tenerte cerca. Juego a desenrollar perímetros y trazo una línea recta hacia el punto exacto donde te encuentras. Todo lo que está más allá de seis pasos de distancia comienza a deformarse.
Problemas matemáticos de libro de texto. ¿Si A quiere multiplicarse con B...? Perdón.
Él deja de escribir. Está cansado. En el cuarto de tres por tres metros, un metro y medio lo ocupa su cama. Detrás de su cama la ventana. Da un último vistazo por ella. La noche sigue igual. Ningún coche se ha movido de lugar. Los mismos perros siguen ladrando. La luz del poste es igual. Él sigue solo.
