lunes, 25 de noviembre de 2013

Todos los besos

El nueve de octubre del dos mil nueve fue el último día que tuve información de la hasta entonces inconclusa novela "Todos los besos". Me gustaría creer que sólo fue un mito urbano, que fue algún invento de mi cabeza adolescente, desesperada por encontrar respuestas en la vida. Pero no. Ahí sigue, inconclusa.

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Él permanece a la orilla del lago. Es de noche.

Él: De alguna manera quisiera sentirlos a todos. Recordar las manos, los ojos, los labios que han pasado por mi cuerpo. Por un segundo sentir todos los besos.

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En algún momento todos conoceremos a alguien que va a cambiarnos. Una persona que va a llegar en el momento justo, el momento. El autor de "Todos los besos" no puede ser olvidado. Cuando lo ves sabes que es alguien. Es alguien. ALGUIEN, con mayúsculas. Con negritas, tal vez. Diferencias tipográficas que marcan la diferencia.

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Él permanece en la orilla del lago. Mediodía de un sábado.

Él: Encontré, en el futuro, la persona en quien escribiré mi historia. Así lo creo. En algún momento estaremos aquí. Veremos el agua. A él, sólo a él, la siguiente frase: "Todos los besos. Los presentes, los pasados y los que vienen. " Él sonreirá. Y ni siquiera el olor de agua estancada en la memoria va a borrar es imágen.

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Un café es el invento para conocer a alguien. Las cafeterías parecen estar diseñadas para eso: conocer gente. Café con algo de leche y un café frío. El azúcar te hace parecer alguien más alegre. Los murmullos de las personas a tu alrededor te hacen querer llenar cualquier silencio que pudiera nacer. Es perfecto. Cafeína y charla. La forma más simple. Ahí lo conocí.

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Él, en la orilla del lago, anda en bicicleta. Tarde.

Él: El potencial de una sonrisa. El potencial de perderte en el tiempo. De perder el tiempo. El potencial de ver a la persona que amas, llorando. El potencial de mirarte, reflejo en miradas, como alguien que nunca pensaste que serías. El potencial de nunca ser nadie. Energía. Quiero sacar toda esta energía. Salta sobre el agua. Salta. Transformación. El agua se evapora. El lago se vuelve cielo. Salta. El lago.

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Una fuente decorada con signos del zodiaco. Estoy seguro de que fue una señal. Algo que va más allá de mí y de él. Tiene que ver con el cielo. Nos despedimos. Me dio un beso como hermano. No había otra forma. Leí los fragmentos de "Todos los besos" cientos de veces. Ahí encontré algo. Encontré a alguien. Lo inacabado me hace pensar en algo mitológico. Mi propio mito. Lo inconcluso en mi boca.

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Él, acostado, fatigado.

Él: Todos mis besos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Diario de Andrea

Él y su compañero.

La orilla del lago.

Él: ¿Podrías imaginar sí te hubiera conocido hace cuatro años?

Compañero: Podríamos ser grandes amigos. Tal vez...

Él: Tal vez. Podrías odiarme. Conocerme. Habrías visitado mi casa. Conocerías a mi familia. Nos pelearíamos por alguna situación absurda. Adolescente. Y ya no volverías a hablarme.

Compañero: Tal vez.

Él: Seguramente.

Compañero: No entiendo. Todo el tiempo miras hacia atrás.

Él: Quiero pensar en cómo será el futuro. 

Compañero: Te equivocas de dirección. 

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Entonces miré hacia adelante. Luz. Cuando miras hacia adelante tu mundo se llena de luz. Tanta, que utilizar la palabra "mirar" sería mentir. La luz no te deja ver. Ir hacia adelante es ir a tientas. Casi lo mismo que mirar hacia atrás. Hacia la oscuridad que se vuelve lo pasado. Hacia cualquier lado hay incertidumbre. 

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Fragmento de una pregunta tomada de una revista que demuestra que la forma en que decidamos vivir siempre será la incorrecta. 

Estamos destinados a (imposible de interpretar).

(Fotografía de un hombre que mira hacia una ventana. Predominan los azules.)

...Me siento casi revolucionario al querer estar con una sola persona. La tradición no me respalda. Por ser mi argumento casi religioso, la gente instruida podría tacharme de ciego. ¿Pero no son ellos otro dogma? Se predica la libertad como un nuevo conjunto de reglas. Quiero casarme. Quiero poder besar una boca todas las mañanas. Risas. Parece tonto. Parece cristiano. Parece dogmático. Pero tú eres una verdad que encuentro...

(Después de el recorte se encuentra escrito con letra manuscrita, tres veces seguidas, la siguiente frase: Pero tú eres una verdad que encuentro...)

(Cuando di la vuelta a la página, cayó una foto. El rostro de un joven. Sonríe. Detrás está escrita una fecha: abril-200?).

sábado, 23 de noviembre de 2013

Canciones

Un lago.

Yo.

Música que pondrían en una estación de radio independiente.

Si me remonto a los hechos, algo de Kings of Leon.

"I'd come a running"

Una.

"I'd come a running"

Dos

"I'd come a running"

Tres. Tres veces.

La tercera vez que se repitió esa estrofa, supe que no vendrías.

No llegaste corriendo.

Tres veces. Y empezó a oscurecer. Las luces de las casas reflejadas en el agua.

Mi bicicleta acostada junto a mí.

Se encendían las estrellas.

Una a una.

Suena un teléfono.

-¿Sí?

-Perdón.

-Te perdiste la puesta de sol.

-La vi por la ventana. Te veo por mi ventana.

-¿No vas a bajar?

-No. Mi bicicleta no sirve.

-...

-Cuando la arregle salimos de nuevo.

-Avísame. Por favor.

-...clic.

Nos vimos en la escuela. Desde extremos opuestos del salón.

Uno.

Dos.

Tres.

Tres segundos.

Tu mirada se desvía.

No nos volvimos a encontrar.

"If you'd call me now, baby
 Then I'd come a running"





lunes, 18 de noviembre de 2013

Ensayo

Salón de clases. Inicio del año escolar.

Él: Sigue la F. Demonios.

La voz del profesor lo llama. Probablemente se represente como sonaba la voz de los adultos en la caricatura de Peanuts. Un "blah, blah, blah" inteligible.

Él: Bueno, me llamo Andrea... Sí, Andrea. Significa hombre... Lo sé, ya hay tres Andreas en el salón. Niñas... No, no tengo otro nombre... Preferiría el nombre completo. André suena extraño... Gracias. Me he mudado de casa. Esta escuela es la más cercana. La vecina la recomendó... Es la nueva amiga de mi madre. Nos ayudó a meter algunas cosas a la casa. Creo que no la dejábamos dormir. Prefirió levantarse. Hacer algo para que termináramos de hacer ruido en la calle... Llegamos hace dos semanas... Sólo conozco a la vecina. No he visto a nadie joven. Estamos rodeados de ancianos... No. No tengo nada contra la gente mayor. La vecina es vieja. Mi madre dijo que la ayudara en su casa. Agradecer por la noche de la mudanza... Podría decir que ha sido mi trabajo estos días... Me gusta estar ahí. Su casa está llena de imágenes de santos medio desnudos y heridos... No... Lo de desnudos es porque así son... Perdón... Estos días he recorrido en bicicleta la orilla del lago que está cerca de mi casa... Huele a agua estancada pero la puesta de sol es... Sí, me gusta andar en bicicleta...

La voz del profesor.

Compañero: Presente, profesor... Sí. Me gusta andar en bicicleta... Creo que no hay mejor lugar. El lago tiene una pendiente increíble... Sí, profesor.

El Compañero se acerca a Él.

Compañero: Este fin de semana podríamos vernos en el lago.

Él: ...Claro.

Compañero: Hablamos al terminar la clase.

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Él: Dos meses después del día en que nos obligaron a ser amigos, di mi primer beso. Una tarde, frente  al lago. El sol acomodado de tal manera que el agua reflejaba un rosa pálido. Dos meses después di mi primer beso a una de las tres Andreas del salón. No recuerdo cual. No dejaba de pensar en él.


martes, 12 de noviembre de 2013

Las filas.

Hombre1
Hombre2

En una fila de espera.


Hombre 2: Tres puntos suspensivos.

Hombre 1:...

Hombre 2: Éste podría ser el momento en que aproveches a llenarlos. Entiendo que tu vida está basada en esto. En el suspenso, la pausa de la vida.

Hombre 1:...

Hombre 2: Darte cuenta de que eres el tercero de una serie de puntos (in)dependientes.

Hombre 1: Punto y seguido.

Hombre 2: Pienso en ti. Te apareces en el momento en que tomo aire para continuar mis frases. Llegas con la frecuencia de las comas en un listado. Así voy al supermercado y te apareces entre la sopa y el jabón, entre el jabón y las cervezas, entre las cervezas y un durazno...

Hombre 1: Punto y aparte.

Hombre 2: Estoy escribiendo un cuento sobre ti. Sobre los muchos finales que nunca tendremos, los muchos inicios que nunca tuvimos y el presente que no puedo borrar. Te he conocido aproximadamente setenta y tres veces. Cuarenta y dos de ellas en el día, el resto en un lapso que abarcaría de las ocho p.m. en punto a las siete a.m. del día siguiente. He recorrido nuestro historia a lo largo de las veinticuatro horas del día de un día cualquiera. Las variables de tiempo y espacio que podrían haber condicionado la letra mayúscula con la que empezó la primer palabra de nuestra novela.

Hombre 1: H...

Hombre 2: Había una vez... Corresponde a las doce del día.

Hombre 1: N...

Hombre 2: Nunca se imaginaron... Entre las siete y media y las doce de la noche.

Hombre 1: Q...

Hombre 2: Quiero tenerte aquí... Primer párrafo de una noche de insomnio. Los finales podrán parecer más trillados. He pasado por el suicidio, de muy diversas maneras. Un beso inconcluso, un beso que terminaría en puntos suspensivos. Un asesinato. El abandono. La posibilidad de estar, simplemente estar. Aproximadamente cincuenta finales distintos. El presente es el único material que no podría borrar aunque quisiera. El presente marca la línea del relato que escribiré hoy, el que escribiré mañana y el que conté ayer.

Hombre 1: Dos puntos.

Hombre 2: Así, el primer paseo por la avenida comenzó mientras tu cuerpo era esculpido en barro para terminar con una trama policiaca. Tu historia en mi cabeza no distingue géneros.

Hombre 1: Se abren comillas.

Hombre 2: "Toco tu boca..."

El hombre recita un fragmento del capítulo séptimo de Rayuela.

Hombre 1: ¿Estás bien?

Hombre 2: Perdón, me quedé pensando.

Hombre 1: Vamos, la fila está avanzando.

Mientras el autor escribe esto, desea que estés aquí.