martes, 29 de julio de 2014

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Descubrí una mancha en mi mano. No es impresionante. Es una pequeña mancha café.  Tomé el jabón para bañarme y ahí estaba. Es una pequeña mancha café. Nada más. El teléfono suena y es mi novio marcando de algún lugar a cientos de kilómetros de aquí: Hoy es 28, debe estar en Marruecos.

-¿Sí?
-La ciudad es hermosa todo es de piedra es como estar en un castillo viejo que está a punto de caerse pero a nadie parece importarle puedes ver zapatos colgados de las columnas zapatos te imaginas zapatos en las columnas no imagino un lugar que te podría encantar más que este sí vieras lo que estoy viendo en este momento espera deja mandarte una foto sé que no es lo mismo pero ve es hermoso ¿ya la recibiste? Tienes que ver la plaza traté de enfocar a una señora que está cargando a su hijo sé que esas cosas te gustan los niños y las señoras con niños ve no espera perdón no puedes verlo pero el atardecer es increíble compré una lámpara para la sala no estoy seguro de que la podamos ocupar pero podrías transformarla en otra cosa eso te gusta

Estoy en la sala desnudo con el teléfono en la mano y en el espejo puedo ver mis costillas resaltando en la piel. Los huesos de mis hombros que tratan de salir de mi cuerpo y mis pómulos que quieren hundir a mis ojos. No recuerdo cuando fue la última vez que me vi en un espejo.

-¿Recibiste la foto?
- Sí. Es increíble.
-¿Nada más? No estás planeando pintar algo con esa escala de rosas. ¿Estás bien?
-Sí. Me imaginaba la ciudad un poco diferente.
- Es que nunca has venido. Te encantaría, lo sé.

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Teníamos el plan de recorrer el mundo juntos y como la mayoría de los planes sufrió modificaciones. Poco a poco lo que no es para ti te excluye. La ciudad es lo mío. No conozco el idioma. No tengo las vacunas necesarias. No sé nadar. Repetidas cientos de veces a unos días de subir al avión. Te traigo algún recuerdo. No te preocupes. Y así la casa se empezó a llenar de máscaras, pequeños elefantes tallados en madera, cabezas reducidas, todo digno de un coleccionista.  La gente que visita me pregunta de dónde ha salido todo y yo les cuento historias del lugar recordando olores, gente, música que nunca pasó por mis oídos. Esos no son mis viajes pero me los sé de memoria. Es lo que él me cuenta. Son las historias dentro de las cartas, dentro de los paquetes, las palabras por teléfono. Lo veo una vez cada tres meses, pasamos una noche inolvidable juntos que siempre, a la mañana siguiente digo que será la última. Cuando me despierto lo veo, me levanto y preparo el desayuno, lo acompaño al aeropuerto y nos despedimos con el mejor beso de película que alguien podría imaginar.

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Él tiene historias. Yo tengo una mancha café en la mano y estoy desapareciendo.


(...)


viernes, 18 de julio de 2014

Declaraciones y momentos inconexos (1)

Te escribo esto porque sé que soy un ensayo en tu vida.


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-El tiempo no se entiende, se siente-

Así empieza esto: palabras tuyas, desnudos, mojados y tu piel sin un sólo minuto encima. La base de tu vida es el tiempo.


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Es difícil hablar de ti. Aparecí en tu vida como un futuro fantasma. En algún momento dejaré de estar en el centro para ocupar el lugar de los muertos. En el futuro ocuparé el mismo espacio que en tu mente ocupan Janis Joplin o Hendrix, jamás a la par de ellos, claro. Estoy más cerca de pasear al perro que tuviste de niño. 


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Cada semana desaparezco un poco más. Me subo a la báscula y los números van disminuyendo. Mis huesos se hacen cada vez más visibles, mis ojos se hunden en sus cuencas y mi cabello abandona mi cabeza. Desaparezco por kilogramos. A tí te veo cada más brillante. Me da miedo un día desaparecer junto a ti y que pienses que me fui así sin más, sin avisarte. Mientras eso pasa me acuesto junto a ti.

-Me gusta tu cuerpo- dices.

Yo cierro los ojos e imagino que la noche es mágica y me ayuda. Quiero meterme a bañar.


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Janis Joplin canta en Half Moon:

You fill me like the mountains
You fill me like the sea, Lord
Not coming past but still at last
Your love brings life to me
Your love brings life to me

Your love brings life to me

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Mediodía. Ya te había visto un par de días antes. Y te quería hablar y dar cinco pasos en dirección oeste. Tres mesas a mi derecha. Sentarme frente a ti. Darte un beso. Y decirte que me encantabas, que eras brillante, que eras pálido y brillante. Que amaba tu barba, y tus ojos un poco caídos y los números que pasaban por ellos. Tal vez no en ese órden. Primero gritar y luego correr, luego besar y sentarme al final y correr de nuevo. Bah, la lógica no funciona en mí y cualquier opción era perfecta. Y no me atreví a dar pasos. Me sentía como un niño con miedo a caminar, miedo de perder el equilibrio. Miedo de ser ya lo suficientemente invisible. 

Días después tu iniciaste una conversación y el equilibrio se fue. 


(...)

lunes, 14 de julio de 2014

Mapas

Ella lleva treinta minutos mirando los trenes que pasan.

Uno

Dos

Tres

Quisiera poder hablar contigo. Quisiera poder decirte las cosas más estúpidas. Quiero decirte que creo en los vaqueros, creo en un archipielago de islas en medio del océano pacífico donde un grupo de aborígenes adoran una escultura áurea que encontraron después de una noche de tormenta. Creo en que mi abuela me saluda desde una nube a pesar de que fui la nieta a la que menos quiso. 

Una canción comienza a sonar.

Cállate! Las canciones nunca solucionan nada.

Perdón. La canción nunca es utilizada. 

– Quiero poder hablar contigo. Quiero decirte que tengo planes contigo en el futuro... No creo en el futuro, me gusta que me digan lo que pasará pero no creo en mis planes. Nunca funcionan.

– Ella creyó que en su cumpleaños su padre llegaría corriendo a abrazarla.

– Ella aún cree en los vaqueros.

– Yo creo que siempre que lo vea, llegaré corriendo, me abrazará y me regalará un beso. 

– Es tonta.

– Hija, eres tonta.

– Soy muy tonta. Y nunca más creeré en las matemáticas. Ya perdí la cuenta del número de trenes. Sé que el tuyo va hacia el sur y el mío al norte. Y no me decido. Me da miedo conocer los lagos del sur. Ahogarme y perderme. Esperar.

– El miedo es esperar. 

– Esperar que él sea lo que tú no puedes ser.

– Lenta.

– Lerda.

– Linda.

Ella recuerda su reflejo. Hermoso pero sin ser suficiente.

– No voy a esperar nada de él.

– Bravo.

– Voy al sur sabiendo que no hay nada que me espere. Mi madre me dirá tonta.

– Tonta.

– Voy a ciegas. Voy con la posibilidad de caer, con la posibilidad de volar. Voy con la certeza de que las matemáticas siempre me han engañado. Uno más uno nunca es dos. Uno más uno nunca es dos.