Descubrí una mancha en mi mano. No es impresionante. Es una pequeña mancha café. Tomé el jabón para bañarme y ahí estaba. Es una pequeña mancha café. Nada más. El teléfono suena y es mi novio marcando de algún lugar a cientos de kilómetros de aquí: Hoy es 28, debe estar en Marruecos.
-¿Sí?
-La ciudad es hermosa todo es de piedra es como estar en un castillo viejo que está a punto de caerse pero a nadie parece importarle puedes ver zapatos colgados de las columnas zapatos te imaginas zapatos en las columnas no imagino un lugar que te podría encantar más que este sí vieras lo que estoy viendo en este momento espera deja mandarte una foto sé que no es lo mismo pero ve es hermoso ¿ya la recibiste? Tienes que ver la plaza traté de enfocar a una señora que está cargando a su hijo sé que esas cosas te gustan los niños y las señoras con niños ve no espera perdón no puedes verlo pero el atardecer es increíble compré una lámpara para la sala no estoy seguro de que la podamos ocupar pero podrías transformarla en otra cosa eso te gusta
Estoy en la sala desnudo con el teléfono en la mano y en el espejo puedo ver mis costillas resaltando en la piel. Los huesos de mis hombros que tratan de salir de mi cuerpo y mis pómulos que quieren hundir a mis ojos. No recuerdo cuando fue la última vez que me vi en un espejo.
-¿Recibiste la foto?
- Sí. Es increíble.
-¿Nada más? No estás planeando pintar algo con esa escala de rosas. ¿Estás bien?
-Sí. Me imaginaba la ciudad un poco diferente.
- Es que nunca has venido. Te encantaría, lo sé.
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Teníamos el plan de recorrer el mundo juntos y como la mayoría de los planes sufrió modificaciones. Poco a poco lo que no es para ti te excluye. La ciudad es lo mío. No conozco el idioma. No tengo las vacunas necesarias. No sé nadar. Repetidas cientos de veces a unos días de subir al avión. Te traigo algún recuerdo. No te preocupes. Y así la casa se empezó a llenar de máscaras, pequeños elefantes tallados en madera, cabezas reducidas, todo digno de un coleccionista. La gente que visita me pregunta de dónde ha salido todo y yo les cuento historias del lugar recordando olores, gente, música que nunca pasó por mis oídos. Esos no son mis viajes pero me los sé de memoria. Es lo que él me cuenta. Son las historias dentro de las cartas, dentro de los paquetes, las palabras por teléfono. Lo veo una vez cada tres meses, pasamos una noche inolvidable juntos que siempre, a la mañana siguiente digo que será la última. Cuando me despierto lo veo, me levanto y preparo el desayuno, lo acompaño al aeropuerto y nos despedimos con el mejor beso de película que alguien podría imaginar.
....
Él tiene historias. Yo tengo una mancha café en la mano y estoy desapareciendo.
(...)
martes, 29 de julio de 2014
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