Hombre1
Hombre2
En una fila de espera.
Hombre 2: Tres puntos suspensivos.
Hombre 1:...
Hombre 2: Éste podría ser el momento en que aproveches a llenarlos. Entiendo que tu vida está basada en esto. En el suspenso, la pausa de la vida.
Hombre 1:...
Hombre 2: Darte cuenta de que eres el tercero de una serie de puntos (in)dependientes.
Hombre 1: Punto y seguido.
Hombre 2: Pienso en ti. Te apareces en el momento en que tomo aire para continuar mis frases. Llegas con la frecuencia de las comas en un listado. Así voy al supermercado y te apareces entre la sopa y el jabón, entre el jabón y las cervezas, entre las cervezas y un durazno...
Hombre 1: Punto y aparte.
Hombre 2: Estoy escribiendo un cuento sobre ti. Sobre los muchos finales que nunca tendremos, los muchos inicios que nunca tuvimos y el presente que no puedo borrar. Te he conocido aproximadamente setenta y tres veces. Cuarenta y dos de ellas en el día, el resto en un lapso que abarcaría de las ocho p.m. en punto a las siete a.m. del día siguiente. He recorrido nuestro historia a lo largo de las veinticuatro horas del día de un día cualquiera. Las variables de tiempo y espacio que podrían haber condicionado la letra mayúscula con la que empezó la primer palabra de nuestra novela.
Hombre 1: H...
Hombre 2: Había una vez... Corresponde a las doce del día.
Hombre 1: N...
Hombre 2: Nunca se imaginaron... Entre las siete y media y las doce de la noche.
Hombre 1: Q...
Hombre 2: Quiero tenerte aquí... Primer párrafo de una noche de insomnio. Los finales podrán parecer más trillados. He pasado por el suicidio, de muy diversas maneras. Un beso inconcluso, un beso que terminaría en puntos suspensivos. Un asesinato. El abandono. La posibilidad de estar, simplemente estar. Aproximadamente cincuenta finales distintos. El presente es el único material que no podría borrar aunque quisiera. El presente marca la línea del relato que escribiré hoy, el que escribiré mañana y el que conté ayer.
Hombre 1: Dos puntos.
Hombre 2: Así, el primer paseo por la avenida comenzó mientras tu cuerpo era esculpido en barro para terminar con una trama policiaca. Tu historia en mi cabeza no distingue géneros.
Hombre 1: Se abren comillas.
Hombre 2: "Toco tu boca..."
El hombre recita un fragmento del capítulo séptimo de Rayuela.
Hombre 1: ¿Estás bien?
Hombre 2: Perdón, me quedé pensando.
Hombre 1: Vamos, la fila está avanzando.
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