jueves, 10 de abril de 2014
Ganimedes o Ícaro.
El viento choca en mi cara y me obliga a respirar. Me da miedo. Me da miedo estar sobre tus alas. Sé que me soportan pero no sé que tan alto llegaremos. No sé si la maldición de Ícaro caerá sobre mí. Si en el momento en que me sienta más cerca del Sol, te comiences a deshacer. Te derritas ante el brillo del porvenir y mi peso en tu espalda. Mi entrepierna en tu espalda. Mis muslos. Mi piel. El roce de mi cuerpo que se vuelve tu cuerpo que se vuelve mi cuerpo. La fricción que produce calor. Mi calor y el calor del Sol. Suficiente para caer. Caída en picada y tú deshecho. Tu terquedad y la terquedad de la gravedad sobre mi cuerpo. Tus alas y mis piernas, un rompecabezas imposible. Combate inútil: jab, uppercut, jab dados al aire. Tus alas hacia mi cielo, tu suelo. Separación religiosa. La distancia entre los dioses y los hombres. Yo y tú. La tierra y el cielo. Fugaz. Tocas la superficie y me obligas a dar un salto. El canto del águila que enamora a un joven idiota, a un corazón débil. La promesa de las estrellas en el disfraz de un ave. Cometas alados, cometas en palabras de un hombre. La figura de un ser humano más vivo que yo. Las piedras de las calles como un pretexto para evadir el suelo.Vuelo sobre ti. Sobre mí. Tu entrepierna en mi espalda. Tus muslos. Tu piel. Tu cuerpo que permanece siendo tu cuerpo. La velocidad que desgarra mi piel y embellece tus plumas. La incertidumbre de la altura. Caer o no caer, aferrarse o no aferrarse. El brillo de Sol como el recuerdo del viaje. El trayecto en el que puedo caer, tus alas derretirse. Aves de cera, Águilas reales. El camino hacia el Sol lo dirá.
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