Ella prende su computadora. Tiene un nuevo mensaje.
"Cuando te toco siento que no estoy ahí."
Ella toca la piel que cubre su brazo y, efectivamente, no lo siente. Está desapareciendo. Mira por las ventanas, cada una dando cara a un punto cardinal. Su novio es visible desde la ventana que apunta haca el este, recargado en el muro verde-azul de la casa de enfrente. Mira el reloj que su abuela le heredó. Va tarde. Ella siempre está ahí. Siempre contesta los mensajes. Siempre responde los llamados. Tiene un moño rojo con motas blancas que hace juego con los zapatos deportivos de él. Un moño rojo. Ella lo saluda por la ventana.
Si de repente nuestra vista fuera la de él sólo veríamos una ventana y unas cortinas siendo corridas por alguien invisible. Él piensa que fue culpa del aire.
Ella baja las escaleras. Salta de cinco en cinco escalones mientras se acomoda los aretes favoritos de él. A él esos aretes le recuerdan a la mujer que ocupó el lugar que ella ocupa ahora. El recuerdo lo hace sonreír y a ella le gusta que él sonría, no importa por qué. Ella resbala y hace una nueva perforación en su oreja. Unas gotas de sangre nacen del,agujero y ella los aprovecha para darle color a sus labios y combinar aún más con los zapatos deportivos de él. Recorre el pasillo que da a la entrada de su casa y abre la puerta.
Si de repente nuestra vista fuera la de él veríamos una puerta abriéndose de golpe por alguien invisible. Él piensa que ella debió dejarla abierta.
Ella mira su reflejo en el reloj que su abuela le heredó. No se ve. Es invisible. Limpia con su vaho el cristal. No funciona. Da un paso fuera de la acera y un auto pasa frente a ella, levantando su falda y ensuciando con polvo su vestido. Suspira. Cruza la calle y sé para frente a él.
Si de repente nuestra vista fuera la de él veríamos la silueta de una mujer, borrosa. Como sí fuera un fantasma. Él, la saluda. Mira sus labios rojos, el moño rojo con motas blancas que combina con sus zapatos deportivos.
"Pequeña, tonta", dice, "me vengo a despedir. No era necesario que combináramos hoy."
Ella quiere desaparecer.
"Me voy al continente. La vida, tonta, la vida."
Tonta era la manera que él tenía para decirle que la amaba.
Le da la mano. Le deja una maleta llena de pequeñas esculturas de cerámica que ella le regalaba. Camina hacia la esquina y hace la parada a un camión. Ella lo mira. Mira sus piernas. Mira sus brazos. Mira su nuca. Él nunca voltea. Sube al camión que se dirige al puerto. Sólo deja la estela de una loción que a ella siempre le recordó a agua de frutas.
Ella quiere desaparecer. Parece que por un par de segundos, lo hizo.
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